Ventaja de la voluntad afirmativa:
estoy prohibida de hablar sobre lo que me carga
y obligada a hablar de lo que amo.
Amo el misterio.
Adoro el buen gusto
y por bueno quiero decir,
obviamente,
uno que armonice con el mío.
Viene mi hermana
me ve entre bolsas de té,
sobras de lentejas,
ojos hinchados de cansancio.
Yo no sabía que venía, me pilló por sorpresa
(como cuando nació, a la siga mía)
y trae cigarros.
“Yo podría hacerme la linda
y escribirle hueás bonitas”,
me dice sobre alguien que le gusta,
“pero qué paja”.