Toma té del olvido,
ármate dos cigarros,
ignora los gorgojos que salen de tu boca
y la sangre de los oídos.
Mañana no hay mañana
ni pasado mañana tampoco;
mañana, pasado, tampoco.
Cuántas madrugadas son suficientes,
quién lo determina,
quién dice que no puedo despertar
aun con los párpados cosidos por alambres.