Todo lo bueno

El juego oprime y libera, el juego arrebata, electriza, hechiza. Está lleno de las dos cualidades más nobles que el hombre puede encontrar en las cosas y expresarlas: ritmo y armonía

—“Homo Ludens”, Johan Huizinga

 

 

Amo los JJ.OO. y casi muero de (no, exagero), digo, sentí mucha tristeza cuando aplazaron la versión de este año en Japón para el próximo porque COVID-19, que además me quitó mi cumpleaños. Tengo 28 todavía.

Uno de los grandes momentos de la obertura de la edición del 2012, junto con el desfile de la delegación chilena con “West End Girls” de fondo (inmerecido, por cierto), el reconocimiento a esa bacanidad de la seguridad social que es el NHS, las spice girls y las modelos noventeras vestidas por Alexander McQueen, fue el remix de Kate Bush que musicalizó este homenaje a la proeza poshumana posible gracias al deporte (y a la teoría nómade, pero eso es más largo).

Visto un polerón Puma y unas mancuernas me esperan en el dormitorio. Soy una convertida y ahora veo todo lo bueno en lo que ya era bueno. En una línea de tiempo alternativa le estoy escribiendo una sentida carta de disculpas a mi profesora de educación física de la media por todos los cuatros, todas las rabias. En esta línea, no obstante, no soy esa persona, sino quien le pondría RUTH a una eventual hija solo para fanfarronear con que, además del personaje bíblico, es el acrónimo de Running Up That Hill.