I prefer myself liking people to myself loving mankind

 

Los patriarcas nos defraudan. No ven y no escuchan. Suelen permanecer ciegos y hacer oídos sordos a las mujeres, se pavonean, alardean y actúan como si no estuviéramos allí. Y no siempre son hombres. A veces son mujeres, también ciegas, que se odian a sí mismas. Están atrapadas en los hábitos perceptivos de los siglos, en las expectativas que han llegado a gobernar su mente. Y estos hábitos son peores para la mujer joven, que sigue siendo concebida como un objeto sexual deseable porque el cuerpo lozano, fértil y apetecible no puede tomarse realmente en serio, no puede ser el cuerpo que hay detrás del gran arte. El cuerpo de un hombre joven, por el contrario, el de Jackson Pollock, está hecho para la grandeza. El héroe del arte.

Sin embargo, la agresividad, el deseo de venganza creado por las costumbres prepotentes, dominantes y condescendientes del patriarcado se pueden utilizar, remodelar y transformar en arte, en celdas, en habitaciones  que evocan en el espectador tanto las prisiones como los cuerpos biológicos, cuerpos que aman y se enfurecen, pero que escapan del actual cuerpo mortal de la propia artista y que siguen vivos después de su muerte.

 

 

en “La mujer que mira a los hombres que miran a las mujeres”, Siri Hustvedt.