Our kind multiplies

Asking / little or nothing / so many of us! / so many of us! dijo la otra, la Sylvia Plath. La que no se descompone. Estoy pensando en todas las veces que dije no, y en las que dije sí. La primera vez de todas, de hecho, fue un sí. Después la presión hizo que el impulso se diluyera en otras formas, otros cuerpos. Carretié con una golden lesbian hace poco. Cuarenta años en resistencia contra el pico. Demasiado admirable. Le contaba esto mismo y me respondió, con la sabiduría de oráculo torta, que daba igual. Ante la pregunta incómoda, contestar “No soy hétero”, sugirió. Dudo hoy que el orgullo, ningún orgullo, sea para mí. Me hace mal. El lesbianismo, opino, creo que no. La última vez de todas, de hecho, fue ese amor el que me sacó del peor del des-amor, el de la muerte. Pero mi psiquiatra me lo tiene contraindicado. “Mucho estrés”, declaró. Es verdad en la vida. Es mentira en mi mente. La anécdota favorita de mi amor-que-no-es-hétero favorita reza que hizo una audición para el Mickey Mouse Club recitando un poema de la Sylvia Plath. Tenía doce años. No la aceptaron. ¿Hacia dónde van todas las no aceptadas?