Un forro más o menos

Del que estoy saliendo con estilo, como siempre. Nuevamente la medicina moderna vino al rescate, esta vez con terapia de shock. Ya no me avergüenza ser de esas personas con un tupperware de medicamentos, pues es preferible tenerlos en el cuarto propio a yacer en un pabellón y que estos sean administrados por vía endovenosa. Nuevamente la gravedad de la palabra familia cae por su propio, gran y hermoso peso. Misma cosa con la amistad. Las y los reales están ahí para mí. Me siento afortunada de estar rodeada de amor. Un forro más, un forro menos. Todo tiene solución en esta vida, menos la muerte, y la muerte ha estado cerca. No la quiero cerca. Hubo una época en la que tenía por costumbre decir “tengo la zorra en mi vida” con cierto orgullo, como si el hecho de ser acontecida fuese un atributo por sí mismo. Cuán equivocada. Busco la paz. No la tengo dentro de mí, pero la tecnología ha ayudado. Estoy aprendiendo a reconocer patrones y convivir con el costo, en mi caso, de ser brillante; y me gusto brillante, qué tanta hueá. Y si me tengo que tomar un cerro de litio para mantener la cordura, voy. Si tengo que ser disciplinada por fuerzas externas, voy. Si tengo que bajar la cabeza ante las y los amigos, voy. Voy a todas. Llevadme con vosotros al mar, nakamas, porque quiero vivir.